viernes, 16 de octubre de 2015

El temporal

(Este cuento lo escribí hace unos días, he estado vomitando muchas letras, y a veces es mejor no darle tantas vueltas a las cosas, así como las palabras tienen que salir, todo en algún momento tiene que quedarse afuera para poder observarlo, entenderlo y abrazarlo)


Estaba tan frío que sus extremidades ya no respondían a los estímulos, recordaba los tiempos en que salía a correr con un amigo, salía a recorrer lugares que pensó que nunca conocería.

Se puso su chaqueta, con muy poca habilidad (casi nula), el paso de los años se hacía presente en cada movimiento, ya no era el hombre joven y audaz que solía ser hace unos años, ya estaba viejo, le costaba caminar, la espalda cada vez más encorvada, y cuando tosía (casi siempre), sentía que se le salía el alma por la boca.

Esa noche le pasó algo distinto, algo que lo dejó ligeramente desencajado, era como si alguien le hubiese venido a avisar que el fin ya estaba cerca…su fin. Debía hacer algo, debía detenerlo, él no debía irse, no quería, su esposa se fue, murió hace un par de años atrás, y la experiencia lo dejó tan traumado que el hecho de pensar en la muerte le daba escalofríos.

Decidió que saldría, que iba a tomar un poco de aire fresco. Y  así lo hizo, salió rápido antes de preguntárselo otra vez,  caminó, salió sin el bastón, recorrió algunos parques cercanos, soñó despierto un rato, hasta que se sentía tan cansado que supo que debía volver. Cuando se había decidido a hacerlo comenzó a llover torrencialmente, y no sabía qué hacer, su teléfono se había quedado en la casa por lo apurado que salió, no podía parar un taxi, estaba muy mal ubicado.

 Hasta que dentro de ese caótico momento algo sucedió, algo extraño le había pasado, algo distinto, como si… se volviera a sentir joven, lleno de vida, con los músculos en las piernas que tanto lo caracterizaban en su juventud, y no lo pensó dos veces antes de ponerse a correr, a saltar arriba de los bancos, gritaba, hasta pudo hacer un par de piruetas. Maldijo por no haber llevado una cámara con él, cuando llegara a casa nadie le creería, y hubiese sido una gran historia para el domingo familiar.

Y fue como un lugar, una música, un color, un olor, algo, un todo que le subía por el cuerpo, y se estremeció.

Al domingo familiar el abuelo no llegó, el viernes en el que habían anunciado lluvia murió de un ataque cardíaco, las facciones de su cara delataban paz interior.

Foto tomada en Pupuya (de mis lugares favoritos), un día después de un pequeño temporal.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Más.

Iba a subir otra cosa, pero revisando unos escritos preferí este, toca un tema que me gusta bastante, y en estos momentos de resfriado mortal no estoy pensando con total claridad.

Canción del dia: Hamburg song-Keane



Caminaba en una tarde-noche calurosa, llevaba horas sin rumbo, mirando el reloj a ratos, esperando que mi tiempo se deformara, y pasara lo suficientemente rápido como para que salieras volando de mi mente, llegué, ahí estaba el puente, ahí estaba la altura perfecta, la caída perfecta, pero antes, me puse a divagar, en ¿cómo te verías en este momento?, ¿qué estabas haciendo?...

La última vez que te vi parecías preocupada, a veces me pregunto si tu cara adoptó esa expresión porque se cansó de tantas burlas por parte de tu actuar...puede que si, en verdad no sé. Pero me gustaba mirarte, en tus distintas facetas, como si de alguna manera todas tus facciones, tus actos, fuesen comprendidos por mí, al final sentía que los absorbía por la vista y los abrazaba.

Recordaba que para ser sincera nunca me gustó abrazar, agradecí que no te gustara tampoco, pero había noches en que hubiese corrido a tu lado para dormir y fusionarnos contando ovejas.

 Los días pasaban, las noches con el tiempo se fueron haciendo más largas, y te seguía necesitando, pero no recibía nada, ni un beso, ni un “¿estás bien?”.

 Con el tiempo me empecé a aburrir, yo te quería conmigo, pero me ignoraste, hasta cuando más te necesitaba. Así que me las arreglé sin ti, sin tus mensajes, sin tus caricias inexistentes que tanto imaginé. Hasta dejé de observarte con la delicadeza que solía hacerlo.
Y cuando ya estaba bien y llevaba un tiempo tratando de olvidarme de ti, comenzaste a mirarme, a extrañarme, a querer abrazarme en las noches, me escribiste cartas, no las respondí, me diste abrazos, no los correspondí, ya no quería nada de ti, a pesar de que ahora podía tenerlo todo, ya no me era necesario, porque sabía que al recibirlo volverías a irte hacia atrás, volverías a congelarte de nuevo, y no es mi intención que alguien juegue con mi alma. Sé que en las múltiples cartas que me entregaste dejaste unas cosas en claro, que me querías de vuelta, y podías quedarte junto a mí, podía observarte todo lo que yo quisiera…. No te contesté, ya no quería mirar un par de ojos vacíos, quería unos ojos que me estuvieran mirando aun que yo no estuviera realmente ahí, quería unos ojos que miraran a través de mí, sin que fuese necesario pedir...miré el puente, volví a la realidad, me contuve, y seguí caminando.
Esta foto la tomé hace mucho tiempo, y es raro ver como han cambiado las cosas.

sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Y si retrocedemos el tiempo?



A ratos pienso que haría exactamente lo mismo. Y entiendo que algunas cosas sean personales, pero existe un molde que la mayoría se empeña en romper, de todas maneras debe ser así, sería aburrido estar atrapados en un mismo margen.  Y es por eso que debí existir con mis complejas evoluciones, creyendo salvar al mundo, creyendo ser la protagonista de una película recién lanzada, a ratos evoluciones lentas con tanta información, con ganas de saberlo todo, a pesar de que ese todo siempre estuvo ahí.

Con mi “juventud” tardía y sonrojada, típico, cuando llegué a una especia de colegio nuevo, y ya en séptimo todas mis compañeras hablaban de sus primeros besos, y a mí me importaba una mierda, casi me conformaba con novelas (que el 99% de las veces parecían más interesantes que la misma vida).

Era parte de mis creaciones que me daba vergüenza mostrar, hasta cierto punto que decidí cambiar cuando ya el tema se hizo más serio, más tirante en mi interior. Con algún sujeto que prometía dejar a su polola algún día, pero ese día jamás llegó, conformándome con poco, pensando que realmente así debían ser las cosas para mí.

Y ahí me di cuenta de la intensidad de la muerte, de la intensidad del estar, porque como di a entender en otro escrito, hay muchísimas formas de morir, y no, no me refiero a la convencional. Hay una película “Who loves Gilbert Grape?”, en la cual el padre del protagonista muere, y él se siente mejor diciendo “de todas maneras ya estaba muerto hace un tiempo atrás”.

La gente se tiende a dejar estar, a morir, a morir por lapsus, a mantenerse así, porque es más cómodo, pero bueno. Hay que salir a flote de vez en cuando, respirar lo suficiente para que al hundirnos nuevamente la lucha no sea tan exhaustiva. Y me sentí así parte de mi pasado (y esa es una de las razones por la cual no cambiaría nada), como incompleta, la sensación de estar llena de muchas cosas, y no poder distribuirlas. Es más común  de lo que pensaba, uno tiene a sentirse especial todo el tiempo, y lo es, pero eso se basa en una normalidad general.

Debo decir con cierto orgullo que nunca me uní del todo, actualmente hay un pequeño porcentaje de mi que aún no se puede distribuir, quizás cambiaría eso, o quizás no, tal vez es hasta algo bueno. Seguir refugiándome en cosas que no son tangibles del todo.

PD: esta foto la tomé en pupuya, cuando recién tenía la cámara. 

viernes, 4 de septiembre de 2015

Limpiar



En los últimos meses me he obsesionado con el tema de aprender ciertas cosas, de entenderlas, de digerirlas bien (no voy a especificar bien ¿qué?, porque no quiero hacer el tema “denso”), me he exigido tanto que ya estoy en un estado paranoico, mis sentidos siempre están más alerta, estoy viviendo más, pero al mismo tiempo estoy disfrutando menos.

Porque al final toda tu visión cambia al ser partícipe de tus pensamientos, de ejecutarlos según tu conveniencia, según lo que tu deseas, al final uno es lo que piensa, y el hecho de llevarlo a cabo, reclutar tanta energía (que no siempre se posee), tantos esfuerzos para poner tus pensamientos acorde a tus acciones. Y suena hasta obvio, suena muy fácil de decir claramente, pero que el ser humano sea capaz de pensar y de poder actuar de acuerdo a cosas más simples, a  acciones banales quizás (o en mi caso). Pero llevar un pensamiento al siguiente nivel, interiorizarlo, creerlo, entenderlo, y hacerlo una realidad es el dilema, es el tema en que todos estamos sumergidos aun que no lo sepamos con totalidad. Todo parte por creer lo que se estudia (no, no me refiero a “estudiar” tipo universidad), porque a pesar de que uno se muestre escéptico, algo hace un “click”, y este algo es meramente humano, muy propio, partiendo porque no podría entrar en tu cabeza, ocupar un espacio de tu tiempo, y traspasar (aun que sea en un mínimo porcentaje) tu alma si no lo crees. O sino revota, o si no, se estanca, no lo entiendes, o simplemente es como si leyeras algo que está en un idioma que no entiendes.

Es por eso que como ser humano somos orgullosos, somos muy esquivos, y tercos, y nos gusta ser tan tajantes en lo que hacemos y creemos. Yo me di cuenta a tiempo (y con darme cuenta no significa que no lo haga), de que el ego es lo primero que un humano debe desechar, más allá de su inutilidad, por su alto estado opresor de nuestra base espiritual. Pero ese ya es otro tema.

Quizás por eso siento que estoy tan llena y a la vez me siento tan sola, estoy creyendo en tantas cosas, y tratando de no sumergirlas en mi interior para no confundirme aún más , que me canso, estoy muy cansada, mi cabeza, y mi alma está algo manchada. Nada que no pueda limpiar, aun que el camino tenga obstáculos, se puede cruzar. 

viernes, 21 de agosto de 2015

Infinito


Ahora las palabras toman sentido
cuando que no las ves nunca más,
cuando estás postrada,
ahora que me siento cansada.

Cuando mis largas piernas
no pueden seguir una orden
desde  un alma desfigurada,
comenzando por un espíritu roto.

Mientras los dedos buscan salvación,
como una luz divina
que me opaca por su brillo
desde el fondo de un lugar.

Cuando las voces se hacen fuertes
aunque antes eran débiles,
y los latidos desaparecen
con los ruidos del local.

Siento que mi tiempo se acaba
junto con la emoción frustrada,
de risas sin control,
de cuentos sin final.

Y cuando logro hablarte,
cuando me miras a los ojos,
sé que lo más difícil siempre es y será,

dejarte en un adiós infinito.

(Me gusta escribir poemas, no sé, a veces es como vomitar todo un poco y hacerlo luminoso, me gusta escribir, me gusta sacar, las cosas no siempre se tienen que quedar en el interior)

miércoles, 22 de julio de 2015

Fortaleza



Estaba cansada, estaba agotada, me acerqué a la ventana, y dejé de tirar piedras porque sabía que nadie se iba a asomar… tomé todas las piedras y construí una fortaleza, mía, solo mía. Me cubría de vez en cuando, tenía algunas goteras, que con el tiempo no tuvieron arreglo, le puse ruedas, me costó pero lo conseguí, pude moverla, pude moverme, como una tortuga con su gran caparazón. 

Con el tiempo la arreglé, pinté, le puse mi sello, la sentía mía, y cuando salía a buscar alimento para sobrevivir la extrañaba, quería regresar, porque ahí me sentía en paz. Creía  que se sentía mal si yo no estaba, así que salía para lo que era estrictamente necesario, incluso contaba los minutos para volver.
Había logrado hacer amigos en la comunidad en que vivía, pero ellos no se comparaban a lo que me cubría día y noche, al final sentía que le debía algo, y mi compañía era lo mínimo que podía darle. De alguna manera le di vida, tenía sentimientos, me podía querer, y yo la quería a ella. Le dibujaba lo que sentía, me emocionaba y sentía su emoción conmigo.

Un día hubo un viento muy fuerte, y así como en los cuentos, mi fortaleza no lo soportó, y se derrumbó cayendo sobre mí. Me hizo daño, pero aún así traté de juntar todo, hice todo mi esfuerzo mientras la gente comentaba que estaba loca, le di hasta mi último aliento, pero el viento fue demasiado cruel con ella, luego de pensarlo no podía aceptar que me hubiese hecho daño, me hirió, no tuvo compasión al caer sobre mí. Y de un momento a otro me sentí en el principio, en el comienzo, en el punto de partida. 

Lloré, golpeé los puños contra los escombros, me paré, me sequé las lágrimas y sonreí, lloré nuevamente, pero esta vez de alegría, ambos éramos libres…. ya  no nos necesitábamos. Desde ese momento supe que yo  era mi única fortaleza, y que nunca me desmoronaría después de eso. 


domingo, 28 de junio de 2015

Densidad


Voy  caminando, la Alameda siempre está en movimiento, siempre llena de gente, pero es como si al caminar siempre estás solo, como si pudieras lanzarte contra un auto y saldría el conductor a limpiar las manchas de sangre. Nada más. No lo pienso, pero me detengo.

Y es que los desenfoques siempre restan, me desequilibran, me hacen perder el rumbo, que al final nunca tomé con tanta seriedad, y espero de verdad nunca tomarle demasiada importancia a esos temas. A esas cosas que la gente va pidiendo y no va cumpliendo, cosas que se vomitan antes de haberlas comido.

Y es que somos parte de todo eso también, somos un todo, estamos tan rotos, estamos tan decaídos que ya no nos podemos arreglar, así que aprendimos a caminar así, a perder el miedo porque en realidad el de al lado siempre está peor. Caminamos rotos, y nos empezamos a adaptar, nos empezamos a querer así, porque en realidad no nos queda de otra.

Si tenemos suerte encontramos a alguien que se sienta parecido, nos sentimos dichosos, me abrazas, te abrazo, y nos prometemos que es verdad, que va a funcionar, cuando sabemos que no es así, sabemos que no es posible, pero hacemos como que lo creímos, y nos hace felices momentáneamente, porque así funcionamos. Y me gustaba sentirme así, si al final tú me querías aun que no estuviera terminada.


Una lástima, una lástima que nada es realmente sincero, una lástima que no se pueda pedir la verdad en un charco de mentiras. Pero no me puedo quejar, así funcionamos todos, y ya no se puede cambiar, tendríamos que nacer otra vez, cambiar el espacio temporal, y eso ya es cansador, sé que lo piensas y te fatiga, pero  también hacemos como que lo creemos. Porque al final, es lo único que nos queda, somos parte de esta inmensidad.




                                   

lunes, 15 de junio de 2015

Infidelidad



No tengo una introducción para esto, sólo quiero tocar el tema.

Al momento de estar con alguien, sentimentalmente hablando, estamos tomando una responsabilidad (por mas open mind que queramos parecer). Es una responsabilidad que al final va a tomar parte de nuestro tiempo, parte de  nuestra vida, independiente de la importancia que queramos darle. 

La mayoría de nosotros si no exigimos la fidelidad la damos por hecho. Pero ¿por qué? Desde hace un tiempo lo comprendí, yo no soy dueña de la otra persona, no tengo la facultad de decirle que haga algo que no quiere, ni de muchos menos exigirlo,  porque al comenzar una relación me estoy dando a  conocer, no me he ganado nada, ni viceversa.

En el fondo el hecho de ser fiel se va ganando con el tiempo, no puedo exigirlo porque quizás la otra persona ni siquiera cree en la monogamia, ni siquiera cree en el amor individual, ni siquiera tiene ganas de ser fiel, y eso si no es entendido, al menos debe ser escuchado (si, no es común, pero quién sabe).

En el fondo soy la clase de persona que si está con alguien no puede estar con nadie más, nunca he sido infiel, pero eso no me hace mejor ni peor que otra persona que decide no serlo.  Principalmente porque otras personas tienen otros parámetros, y hasta el día de hoy no puedo exigirle a nadie serle fiel si es que no me conoce lo suficiente, si es que no nos queremos lo suficiente, si es que no hay la confianza suficiente.


No somos dueños de nadie, no podemos exigir nada, y la monogamia es algo que a fin de cuentas creamos nosotros,  y como muchas otras cosas no pretendamos que todos quieran llevarla a cabo.

Pintura: Frida Kahlo

lunes, 4 de mayo de 2015

Desenfoque

Y de repente, de un momento a otro desaparezco, ya no quiero estar aquí y así lo decido, me voy. Si, me voy para siempre, pero de alguna manera sigo aquí, siendo un poquito la misma que en algún otro momento fui. A veces como que tenemos momentos de ira,  y nos dan ganas de salir arrancando, pero se quedan en eso.....en querer, como en la mayoría de las cosas, o no?

Últimamente he pensado en la capacidad que tenemos de separarnos, de no querer formar parte de un todo, siendo que es lo que deberíamos tener presente. Ser parte de un todo no significa mezclarse, no significa ser contaminado, más bien significa colorear, armar, dar forma, y dársela a uno mismo. Pero de alguna manera la vida en general nos enseña lo contrario. Pondré un ejemplo (el más superficial que encontré):

La mayoría de los liceos en Chile (si es que no todos), llegando a cierto punto nos exigen elegir entre humanistas y científicos…. Por qué? , es realmente necesario?. En épocas medievales los grandes escritores eran también físicos, los arquitectos también pintaban hermosos cuadros, etc, etc. Y desde esos pequeños momentos nuestros brillos se ven opacados, se le restan puntos a nuestras cualidades, a dejar cosas sin desarrollar, porque nos limitan, y nos dejamos ser limitados. (sólo un ejemplo).

Sinceramente  no creo que debamos limitarnos, y yo realmente estoy cansada con el tema de que debemos fluir, porque lo digo demasiado ( a veces no lo aplico), y porque también lo escucho mucho, pero lo sigo diciendo, lo sigo escuchando, porque de a poco lo voy haciendo mío, ya lo creo, pero el proceso de aprender siempre es más profundo, el proceso del crecer siempre es más dificultoso, y a la larga se hace hasta pesado (dudo que se capte mi idea a la totalidad).

Yo antes pensaba en que uno tenía que tener un objetivo, pero eso está lejos de ser real, lo importante, lo que realmente le da fundamento a todos es sentir, es vivir las cosas. No todos realmente vivimos el día a día, y es porque estamos enfocados, un buen desenfoque nos lleva  a abrir los horizontes, el salirnos de las líneas, el no respetar los puntos. Y con esto no me refiero al desenfreno, me refiero a los límites internos, a lo que uno no quiere seguir estableciendo a lo largo de la vida, por más que traten de hacerse mas flexibles.

A veces hay que arriesgarse mas consigo mismo que con el resto.

lunes, 13 de abril de 2015

Libros usados: Experiencias escritas


Hace unos días vagaba por la biblioteca buscando un nuevo libro, pensando en que me había puesto de  acuerdo con un sujeto para la entrega de uno, y que por mientras podía buscar otro (por primera vez en mucho tiempo compraría uno), pero finalmente nunca contestó, quizás se arrepintió, lo más probable.

Sin embargo nunca ha pasado por mi mente comprar un libro nuevo, en primero lugar por el precio (dependiendo de la editorial, autor blablá),  y porque en realidad siento que no tiene tanto sentido para mí, porque en el fondo leer se trata de fusionar, de fluir, de compartir.

Me pasa muy seguido haber pedido un libro en la biblioteca y notar como las hojas están ligeramente dobladas, son como huellas, sé que una persona ya pasó por ahí, ya se detuvo, ya suspiró e hizo una pausa por el cambio abrupto de la trama, sufrió o se alegró.

En algunas ocasiones me he topado hasta con mensajes referentes al libro en unas páginas, casi cómicos, pero esa ha sido mi mayor suerte con lo referente a este tema. Debo reconocer que me agrada el hecho de que exista un préstamo, de que otros estén esperando, de compartir, de traspasar, de transformar, de que lo que para ti resultó ser increíble, para otro fue terrible.

Un libro nuevo, solamente será llenado de ti, de tus experiencias, de tu lectura, de tus lágrimas, de tus risas. Pero se estanca, no se mueve, no fluye, a menos que decidas donarlo, prestarlo, venderlo a un menor precio, entonces cumple su función.

A pesar de todo esto, todos queremos tener nuestra biblioteca, de nuestros preferidos, pero para mí sería cuando ya hayan pasado por más manos, cuando estén llenos, cuando las risas y los llantos los completen, porque al final todo funciona igual.

Todo libro guarda una experiencia, una vibración, un recuerdo, todos necesarios para escribir una historia, que a veces está implícita. Que aplica para nosotros y para el resto, así se escribe también nuestra historia.


Rob Gonsalves

sábado, 4 de abril de 2015

Voces

Y es como si despertara, me moviera, y de un momento a otro vuelvo a despertar. Estoy en un mundo natural, tres o cuatro pasos flotando del suelo, no puedo tocarlo del todo pero estoy consciente de que está ahí, siempre abajo, siempre listo para detener mi caída, tan sincero, tan fuerte, me dan ganas de arrastrarme por él, de sentirlo, de poder saltarlo. Algo me lo impide, y hace burlas de mí, porque en el fondo sabe que no puedo, y estando tan cerca no puedo sentirlo.

Pasa un tiempo, lo vuelvo a intentar, pero pasa lo mismo, ya me estoy empezando a dar por vencida, porque en el fondo no encuentro otra manera, no sé que más se me puede ocurrir, desde hace un tiempo atrás vine agotando las posibilidades.

Y es como un casi, es como un no sentir, es como estar atrapada con las lágrimas en los ojos pero sin poder dejarlas ir, es un ejemplo malo, pero un ejemplo al fin y al cabo.

Y es que lo he pensado, me cuesta hasta expresarlo, me levanto, me ducho, sigo.

 Sé que no es necesario, sé que podría pararlo si quiero, pero ya se está haciendo cada vez más difuso, más difícil de entender, mas difícil de divisar, de llevar a cabo, y aquí se pone complicado.


Las escucho, se están riendo, se están riendo de mi, cada vez más fuertes, carcajadas, es como si me apuntaran con sus dedos invisibles, con sus ojos sarcásticos, porque en el fondo saben que no les pertenezco, y saben que eso me duele muchísimo, porque a veces quisiera estar ahí, quizás no entrar, pero que me abracen, quizás no sentirlos, pero sentirme escuchada por ellas. Es que se ríen muy fuerte, me desespera, quisiera salir corriendo pero sé que están en todos lados, diciéndome que hacer, cómo y cuándo. A veces se callan, a veces siguen, a veces les digo que me dejen, pero en el fondo no quiero eso, me haría perder la esperanza de que en algún momento me puedan hablar, me puedan abrazar, me puedan escuchar como yo las he escuchado todos estos años, como las he aprendido a querer a pesar de todo.
Fotografía: Tommy Ingberg

miércoles, 25 de marzo de 2015

Recuerdos

Te escuché decir que las cosas son realmente simples….hice una pausa y respiré. Porque en el fondo todos sabemos que eso no tiene nada de real. Las cosas no funcionan así, por más que tratemos de aplastar el miedo tras sentimientos difusos y libros de misterio.  Porque de alguna manera vivimos arrepintiéndonos, de haber dado un si por un no, un quiero por un no quiero.

 Pude haberme quedado, pude haber sonreído, pude haber llorado, pero las cosas se dieron distintas. Y al final todo llega a la misma conclusión, porque abrimos los ojos para observar que hay algo que es de nosotros y de nadie más, algo que puedes elegir si quieres sacar, que puedes guardar, que lo puedes atesorar, los recuerdos.

 Es algo que nace realmente de una manera desordenada, inesperada, y le damos muchísima importancia, los guardamos con cierta pureza, respeto, por lo que sea, como si tratáramos de perdonarlos para poder seguir recordándolos con una sonrisa.

 Y es que  a la larga, y estando presentes en este mundo, en este tipo de atmósfera, el alma espera alimentarse. Y es ahí cuando los recuerdos nos nutren, porque al fin y al cabo es lo único que nos va quedando, lo único que no nos pueden quitar, porque es algo interno, algo nuestro, algo que nos da una sonrisa, o nos permite dejar correr una lágrima solitaria.

Es por eso que me causa nostalgia el paso del tiempo, porque siempre creo que no estoy viviendo demasiado, que debo guardar mejores recuerdos, y que me lamentaré. Independiente si es que es así o no, uno se sobreexige de manera natural.

Es cosa de mirar a la gente que ya no recuerda, a la gente vacía, produce una tristeza melancólica. Porque te arrebatan todo, te lo sacan, no te piden permiso, y es ahí donde quedas en el aire, no hay suelo, y no te puedes afirmar de nada, porque para desgracia de las personas todo tiene derecho a la duda, desde su perspectiva nula, y la duda corresponde a los demás.

Puede no verse desesperante desde afuera, pero podría jurar que a la larga las ganas de vivir se
desgastan, de la no necesidad, de las ganas de salir corriendo, de agarrarse de algo y no encontrar nada, de no poder apoyarse en ningún cimiento, porque todo es endeble.

El peor de los finales cuando tú me dices que las cosas son realmente simples, porque sabes que estás mintiendo y porque es como si pudiera leer en tus ojos que tienes miedo igual que yo.



Imagen: Tommy Ingberg


miércoles, 11 de marzo de 2015

Parálisis: Voz en off

Los episodios de la parálisis del sueño  (algo que padecen mas personas de las que se cree, y es mas normal de lo que se piensa ) han estado presentes en mi vida, los he escrito pero no había pensado en ponerlos acá, este fue el más reciente:

Estoy acostada, y de un momento a otro no puedo moverme, no puedo abrir los ojos, no puedo hablar, y siento que todo es muy brusco, sé que lo viene, de alguna forma entiendo que tengo que respirar tranquila y tranquilizarme, pero después de unos segundos me empiezo a desesperar un poco. Hasta que en un momento subo, como si alguien me elevara, y me mantengo arriba, casi llegando al techo de mi pieza (o eso es lo que pienso). Sigo sin poder moverme, de un momento a otro es como si me pusieran una bolsa, un gorro en mi cabeza y unos ruidos fuertes como de trenes se escuchan cada vez más cerca, y de manera desmedida, se alejan y vuelven con intensidad. 

Alguien me habla…. como una voz radial, se escucha clara y profunda, dice palabras al azar, adjetivos, verbos, etc. No entiendo lo que intenta comunicarme, ya que lo siento prácticamente en mi oído, o muy cercano, pero lo dice como si me estuviera enseñando algo, como si quisiera que escuche con mucha atención, a pesar de que no lo veo sé  que está cerca.


Los ruidos de trenes se hacen cada vez más cercanos, y ya me desespero completamente, siento que bajo con brusquedad, pero sigue ahí, el personaje de la voz me está observando, supongo que por unos segundos que para mí me parecen más que eso, hasta que puedo moverme por parte, primero las piernas, luego los brazos, y así, empujo, trato de llamar a mi mamá, pero es como si no me saliera la voz, hasta que vuelvo completamente. Tengo calor y miedo, es increíble que a pesar del tiempo haya cosas de las que nunca nos acostumbramos.



Fotografía: Nicolas Bruno


domingo, 1 de marzo de 2015

Miedos

Hoy no podía dejar de pensar si es que de alguna forma nuestro organismo se preocupaba de hacernos saber cuándo es suficiente, cuando las inseguridades nos ganan, cuando ya no cabe más rencor. Y no puedo estar más segura de que es una decisión personal, y que por muy repetido que este, los cambios nacen desde el interior, renovando la misma energía que teníamos en un comienzo, como una especie de reciclaje espiritual.
Después de esto, es como si nuestras inseguridades, nuestros miedos, fueran necesarios para seguir, no dejar que nos influyan, pero hacerlos nuestros aliados. Nuestros miedos no están para hacerlos crecer, no están para potenciarlos. Hay un momento en la vida en que hay que abrazarlos y tenerlos presente, porque al fin y al cabo todas las cosas negativas nos hacen aprender, ahí es cuando yo digo que no me arrepiento de nada, es  porque todo te hace crecer un poco, en el fondo sabes las cosas que no estuvieron bien, y es importante que sigan presentes para recordarlas, para saber el por qué.
La vida está hecha de instantes, muchos de ellos no los comprendemos, pero no por eso dejan de ser más importantes que otros. Todo es parte de un crecimiento, espiritual y físico, que aun que queremos o no, se desfasan, hay muchas negaciones. Pero la conclusión, el final en sí  es siempre el mismo: “el aprendizaje”. Sin este la vida no tiene ningún sentido, y es que de alguna forma le buscamos el aprendizaje a todo, a veces de manera no tan directa, no tan natural, lo matamos, lo estrujamos, pero siempre es tan necesario.
No quiero pensar en lo que me trae la vida, pero sé que cada oportunidad hay que tomarla un poco menos en serio, es la única forma de que no las desperdiciemos, de que lleguemos a viejos con un “pucha, si lo hubiese hecho”, no llenemos nuestra vida de largos etc., y hagamos que nuestros errores sean nuestros compañeros, parte de nuestra conciencia.
Y es aquí cuando digo que vivir es exactamente eso, dejarlo fluir, no dejar que se estanque, dejamos que las cosas sean y nada más.