lunes, 21 de septiembre de 2015

Más.

Iba a subir otra cosa, pero revisando unos escritos preferí este, toca un tema que me gusta bastante, y en estos momentos de resfriado mortal no estoy pensando con total claridad.

Canción del dia: Hamburg song-Keane



Caminaba en una tarde-noche calurosa, llevaba horas sin rumbo, mirando el reloj a ratos, esperando que mi tiempo se deformara, y pasara lo suficientemente rápido como para que salieras volando de mi mente, llegué, ahí estaba el puente, ahí estaba la altura perfecta, la caída perfecta, pero antes, me puse a divagar, en ¿cómo te verías en este momento?, ¿qué estabas haciendo?...

La última vez que te vi parecías preocupada, a veces me pregunto si tu cara adoptó esa expresión porque se cansó de tantas burlas por parte de tu actuar...puede que si, en verdad no sé. Pero me gustaba mirarte, en tus distintas facetas, como si de alguna manera todas tus facciones, tus actos, fuesen comprendidos por mí, al final sentía que los absorbía por la vista y los abrazaba.

Recordaba que para ser sincera nunca me gustó abrazar, agradecí que no te gustara tampoco, pero había noches en que hubiese corrido a tu lado para dormir y fusionarnos contando ovejas.

 Los días pasaban, las noches con el tiempo se fueron haciendo más largas, y te seguía necesitando, pero no recibía nada, ni un beso, ni un “¿estás bien?”.

 Con el tiempo me empecé a aburrir, yo te quería conmigo, pero me ignoraste, hasta cuando más te necesitaba. Así que me las arreglé sin ti, sin tus mensajes, sin tus caricias inexistentes que tanto imaginé. Hasta dejé de observarte con la delicadeza que solía hacerlo.
Y cuando ya estaba bien y llevaba un tiempo tratando de olvidarme de ti, comenzaste a mirarme, a extrañarme, a querer abrazarme en las noches, me escribiste cartas, no las respondí, me diste abrazos, no los correspondí, ya no quería nada de ti, a pesar de que ahora podía tenerlo todo, ya no me era necesario, porque sabía que al recibirlo volverías a irte hacia atrás, volverías a congelarte de nuevo, y no es mi intención que alguien juegue con mi alma. Sé que en las múltiples cartas que me entregaste dejaste unas cosas en claro, que me querías de vuelta, y podías quedarte junto a mí, podía observarte todo lo que yo quisiera…. No te contesté, ya no quería mirar un par de ojos vacíos, quería unos ojos que me estuvieran mirando aun que yo no estuviera realmente ahí, quería unos ojos que miraran a través de mí, sin que fuese necesario pedir...miré el puente, volví a la realidad, me contuve, y seguí caminando.
Esta foto la tomé hace mucho tiempo, y es raro ver como han cambiado las cosas.

sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Y si retrocedemos el tiempo?



A ratos pienso que haría exactamente lo mismo. Y entiendo que algunas cosas sean personales, pero existe un molde que la mayoría se empeña en romper, de todas maneras debe ser así, sería aburrido estar atrapados en un mismo margen.  Y es por eso que debí existir con mis complejas evoluciones, creyendo salvar al mundo, creyendo ser la protagonista de una película recién lanzada, a ratos evoluciones lentas con tanta información, con ganas de saberlo todo, a pesar de que ese todo siempre estuvo ahí.

Con mi “juventud” tardía y sonrojada, típico, cuando llegué a una especia de colegio nuevo, y ya en séptimo todas mis compañeras hablaban de sus primeros besos, y a mí me importaba una mierda, casi me conformaba con novelas (que el 99% de las veces parecían más interesantes que la misma vida).

Era parte de mis creaciones que me daba vergüenza mostrar, hasta cierto punto que decidí cambiar cuando ya el tema se hizo más serio, más tirante en mi interior. Con algún sujeto que prometía dejar a su polola algún día, pero ese día jamás llegó, conformándome con poco, pensando que realmente así debían ser las cosas para mí.

Y ahí me di cuenta de la intensidad de la muerte, de la intensidad del estar, porque como di a entender en otro escrito, hay muchísimas formas de morir, y no, no me refiero a la convencional. Hay una película “Who loves Gilbert Grape?”, en la cual el padre del protagonista muere, y él se siente mejor diciendo “de todas maneras ya estaba muerto hace un tiempo atrás”.

La gente se tiende a dejar estar, a morir, a morir por lapsus, a mantenerse así, porque es más cómodo, pero bueno. Hay que salir a flote de vez en cuando, respirar lo suficiente para que al hundirnos nuevamente la lucha no sea tan exhaustiva. Y me sentí así parte de mi pasado (y esa es una de las razones por la cual no cambiaría nada), como incompleta, la sensación de estar llena de muchas cosas, y no poder distribuirlas. Es más común  de lo que pensaba, uno tiene a sentirse especial todo el tiempo, y lo es, pero eso se basa en una normalidad general.

Debo decir con cierto orgullo que nunca me uní del todo, actualmente hay un pequeño porcentaje de mi que aún no se puede distribuir, quizás cambiaría eso, o quizás no, tal vez es hasta algo bueno. Seguir refugiándome en cosas que no son tangibles del todo.

PD: esta foto la tomé en pupuya, cuando recién tenía la cámara. 

viernes, 4 de septiembre de 2015

Limpiar



En los últimos meses me he obsesionado con el tema de aprender ciertas cosas, de entenderlas, de digerirlas bien (no voy a especificar bien ¿qué?, porque no quiero hacer el tema “denso”), me he exigido tanto que ya estoy en un estado paranoico, mis sentidos siempre están más alerta, estoy viviendo más, pero al mismo tiempo estoy disfrutando menos.

Porque al final toda tu visión cambia al ser partícipe de tus pensamientos, de ejecutarlos según tu conveniencia, según lo que tu deseas, al final uno es lo que piensa, y el hecho de llevarlo a cabo, reclutar tanta energía (que no siempre se posee), tantos esfuerzos para poner tus pensamientos acorde a tus acciones. Y suena hasta obvio, suena muy fácil de decir claramente, pero que el ser humano sea capaz de pensar y de poder actuar de acuerdo a cosas más simples, a  acciones banales quizás (o en mi caso). Pero llevar un pensamiento al siguiente nivel, interiorizarlo, creerlo, entenderlo, y hacerlo una realidad es el dilema, es el tema en que todos estamos sumergidos aun que no lo sepamos con totalidad. Todo parte por creer lo que se estudia (no, no me refiero a “estudiar” tipo universidad), porque a pesar de que uno se muestre escéptico, algo hace un “click”, y este algo es meramente humano, muy propio, partiendo porque no podría entrar en tu cabeza, ocupar un espacio de tu tiempo, y traspasar (aun que sea en un mínimo porcentaje) tu alma si no lo crees. O sino revota, o si no, se estanca, no lo entiendes, o simplemente es como si leyeras algo que está en un idioma que no entiendes.

Es por eso que como ser humano somos orgullosos, somos muy esquivos, y tercos, y nos gusta ser tan tajantes en lo que hacemos y creemos. Yo me di cuenta a tiempo (y con darme cuenta no significa que no lo haga), de que el ego es lo primero que un humano debe desechar, más allá de su inutilidad, por su alto estado opresor de nuestra base espiritual. Pero ese ya es otro tema.

Quizás por eso siento que estoy tan llena y a la vez me siento tan sola, estoy creyendo en tantas cosas, y tratando de no sumergirlas en mi interior para no confundirme aún más , que me canso, estoy muy cansada, mi cabeza, y mi alma está algo manchada. Nada que no pueda limpiar, aun que el camino tenga obstáculos, se puede cruzar.