Y es que los desenfoques siempre restan, me desequilibran,
me hacen perder el rumbo, que al final nunca tomé con tanta seriedad, y espero
de verdad nunca tomarle demasiada importancia a esos temas. A esas cosas que la
gente va pidiendo y no va cumpliendo, cosas que se vomitan antes de haberlas
comido.
Y es que somos parte de todo eso también, somos un todo,
estamos tan rotos, estamos tan decaídos que ya no nos podemos arreglar, así que
aprendimos a caminar así, a perder el miedo porque en realidad el de al lado
siempre está peor. Caminamos rotos, y nos empezamos a adaptar, nos empezamos a
querer así, porque en realidad no nos queda de otra.
Si tenemos suerte encontramos a alguien que se sienta
parecido, nos sentimos dichosos, me abrazas, te abrazo, y nos prometemos que es
verdad, que va a funcionar, cuando sabemos que no es así, sabemos que no es
posible, pero hacemos como que lo creímos, y nos hace felices momentáneamente,
porque así funcionamos. Y me gustaba sentirme así, si al final tú me querías
aun que no estuviera terminada.
Una lástima, una lástima que nada es realmente sincero, una
lástima que no se pueda pedir la verdad en un charco de mentiras. Pero no me
puedo quejar, así funcionamos todos, y ya no se puede cambiar, tendríamos que
nacer otra vez, cambiar el espacio temporal, y eso ya es cansador, sé que lo
piensas y te fatiga, pero también
hacemos como que lo creemos. Porque al final, es lo único que nos queda, somos parte de esta inmensidad.
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