viernes, 20 de mayo de 2016

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Siempre me pareciste lo más similar a algo lejano, no podía describirte, no podía determinar a qué te parecías, no podía compararte con nada que había visto antes, porque claramente no estabas hecho  con el mismo material.

Siempre luché por tener un alma perfecta como se canta en las mejores canciones, pero sabía que a pesar de todo, mi cabeza no iba poder olvidar lo que alguna vez fui capaz de ver. Porque hay cosas que solamente pasan una vez, que por más que intentes sacarle provecho a veces no se puede pedir más. Porque lo mejor, a veces es lo más egoísta.

Intento visualizarte a ratos,  con cierto pesimismo, porque sé que no podría llegar a tu recuerdo completamente, a armarte como a un rompecabezas, a desarmar, guardar, y sacarte cuando te extrañara.

A veces voy caminando por las calles, y es como si en realidad las cosas nunca estuvieron tan apagadas, es que yo nunca pude prender ni una luz en tu camino, es que yo nunca pude estar lista para llegar. ¿Y qué viene ahora? ¿Y qué piensas ahora?,  ahora que nadie está cerca podrías darme una respuesta, ahora que a nadie le interesa escuchar lo inconcluso de cada historia.

Pero es una lástima, una lástima que no pueda encontrar todos los colores que alguna vez me rodearon, y que de alguna forma nacían de ti.

viernes, 16 de octubre de 2015

El temporal

(Este cuento lo escribí hace unos días, he estado vomitando muchas letras, y a veces es mejor no darle tantas vueltas a las cosas, así como las palabras tienen que salir, todo en algún momento tiene que quedarse afuera para poder observarlo, entenderlo y abrazarlo)


Estaba tan frío que sus extremidades ya no respondían a los estímulos, recordaba los tiempos en que salía a correr con un amigo, salía a recorrer lugares que pensó que nunca conocería.

Se puso su chaqueta, con muy poca habilidad (casi nula), el paso de los años se hacía presente en cada movimiento, ya no era el hombre joven y audaz que solía ser hace unos años, ya estaba viejo, le costaba caminar, la espalda cada vez más encorvada, y cuando tosía (casi siempre), sentía que se le salía el alma por la boca.

Esa noche le pasó algo distinto, algo que lo dejó ligeramente desencajado, era como si alguien le hubiese venido a avisar que el fin ya estaba cerca…su fin. Debía hacer algo, debía detenerlo, él no debía irse, no quería, su esposa se fue, murió hace un par de años atrás, y la experiencia lo dejó tan traumado que el hecho de pensar en la muerte le daba escalofríos.

Decidió que saldría, que iba a tomar un poco de aire fresco. Y  así lo hizo, salió rápido antes de preguntárselo otra vez,  caminó, salió sin el bastón, recorrió algunos parques cercanos, soñó despierto un rato, hasta que se sentía tan cansado que supo que debía volver. Cuando se había decidido a hacerlo comenzó a llover torrencialmente, y no sabía qué hacer, su teléfono se había quedado en la casa por lo apurado que salió, no podía parar un taxi, estaba muy mal ubicado.

 Hasta que dentro de ese caótico momento algo sucedió, algo extraño le había pasado, algo distinto, como si… se volviera a sentir joven, lleno de vida, con los músculos en las piernas que tanto lo caracterizaban en su juventud, y no lo pensó dos veces antes de ponerse a correr, a saltar arriba de los bancos, gritaba, hasta pudo hacer un par de piruetas. Maldijo por no haber llevado una cámara con él, cuando llegara a casa nadie le creería, y hubiese sido una gran historia para el domingo familiar.

Y fue como un lugar, una música, un color, un olor, algo, un todo que le subía por el cuerpo, y se estremeció.

Al domingo familiar el abuelo no llegó, el viernes en el que habían anunciado lluvia murió de un ataque cardíaco, las facciones de su cara delataban paz interior.

Foto tomada en Pupuya (de mis lugares favoritos), un día después de un pequeño temporal.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Más.

Iba a subir otra cosa, pero revisando unos escritos preferí este, toca un tema que me gusta bastante, y en estos momentos de resfriado mortal no estoy pensando con total claridad.

Canción del dia: Hamburg song-Keane



Caminaba en una tarde-noche calurosa, llevaba horas sin rumbo, mirando el reloj a ratos, esperando que mi tiempo se deformara, y pasara lo suficientemente rápido como para que salieras volando de mi mente, llegué, ahí estaba el puente, ahí estaba la altura perfecta, la caída perfecta, pero antes, me puse a divagar, en ¿cómo te verías en este momento?, ¿qué estabas haciendo?...

La última vez que te vi parecías preocupada, a veces me pregunto si tu cara adoptó esa expresión porque se cansó de tantas burlas por parte de tu actuar...puede que si, en verdad no sé. Pero me gustaba mirarte, en tus distintas facetas, como si de alguna manera todas tus facciones, tus actos, fuesen comprendidos por mí, al final sentía que los absorbía por la vista y los abrazaba.

Recordaba que para ser sincera nunca me gustó abrazar, agradecí que no te gustara tampoco, pero había noches en que hubiese corrido a tu lado para dormir y fusionarnos contando ovejas.

 Los días pasaban, las noches con el tiempo se fueron haciendo más largas, y te seguía necesitando, pero no recibía nada, ni un beso, ni un “¿estás bien?”.

 Con el tiempo me empecé a aburrir, yo te quería conmigo, pero me ignoraste, hasta cuando más te necesitaba. Así que me las arreglé sin ti, sin tus mensajes, sin tus caricias inexistentes que tanto imaginé. Hasta dejé de observarte con la delicadeza que solía hacerlo.
Y cuando ya estaba bien y llevaba un tiempo tratando de olvidarme de ti, comenzaste a mirarme, a extrañarme, a querer abrazarme en las noches, me escribiste cartas, no las respondí, me diste abrazos, no los correspondí, ya no quería nada de ti, a pesar de que ahora podía tenerlo todo, ya no me era necesario, porque sabía que al recibirlo volverías a irte hacia atrás, volverías a congelarte de nuevo, y no es mi intención que alguien juegue con mi alma. Sé que en las múltiples cartas que me entregaste dejaste unas cosas en claro, que me querías de vuelta, y podías quedarte junto a mí, podía observarte todo lo que yo quisiera…. No te contesté, ya no quería mirar un par de ojos vacíos, quería unos ojos que me estuvieran mirando aun que yo no estuviera realmente ahí, quería unos ojos que miraran a través de mí, sin que fuese necesario pedir...miré el puente, volví a la realidad, me contuve, y seguí caminando.
Esta foto la tomé hace mucho tiempo, y es raro ver como han cambiado las cosas.

sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Y si retrocedemos el tiempo?



A ratos pienso que haría exactamente lo mismo. Y entiendo que algunas cosas sean personales, pero existe un molde que la mayoría se empeña en romper, de todas maneras debe ser así, sería aburrido estar atrapados en un mismo margen.  Y es por eso que debí existir con mis complejas evoluciones, creyendo salvar al mundo, creyendo ser la protagonista de una película recién lanzada, a ratos evoluciones lentas con tanta información, con ganas de saberlo todo, a pesar de que ese todo siempre estuvo ahí.

Con mi “juventud” tardía y sonrojada, típico, cuando llegué a una especia de colegio nuevo, y ya en séptimo todas mis compañeras hablaban de sus primeros besos, y a mí me importaba una mierda, casi me conformaba con novelas (que el 99% de las veces parecían más interesantes que la misma vida).

Era parte de mis creaciones que me daba vergüenza mostrar, hasta cierto punto que decidí cambiar cuando ya el tema se hizo más serio, más tirante en mi interior. Con algún sujeto que prometía dejar a su polola algún día, pero ese día jamás llegó, conformándome con poco, pensando que realmente así debían ser las cosas para mí.

Y ahí me di cuenta de la intensidad de la muerte, de la intensidad del estar, porque como di a entender en otro escrito, hay muchísimas formas de morir, y no, no me refiero a la convencional. Hay una película “Who loves Gilbert Grape?”, en la cual el padre del protagonista muere, y él se siente mejor diciendo “de todas maneras ya estaba muerto hace un tiempo atrás”.

La gente se tiende a dejar estar, a morir, a morir por lapsus, a mantenerse así, porque es más cómodo, pero bueno. Hay que salir a flote de vez en cuando, respirar lo suficiente para que al hundirnos nuevamente la lucha no sea tan exhaustiva. Y me sentí así parte de mi pasado (y esa es una de las razones por la cual no cambiaría nada), como incompleta, la sensación de estar llena de muchas cosas, y no poder distribuirlas. Es más común  de lo que pensaba, uno tiene a sentirse especial todo el tiempo, y lo es, pero eso se basa en una normalidad general.

Debo decir con cierto orgullo que nunca me uní del todo, actualmente hay un pequeño porcentaje de mi que aún no se puede distribuir, quizás cambiaría eso, o quizás no, tal vez es hasta algo bueno. Seguir refugiándome en cosas que no son tangibles del todo.

PD: esta foto la tomé en pupuya, cuando recién tenía la cámara. 

viernes, 4 de septiembre de 2015

Limpiar



En los últimos meses me he obsesionado con el tema de aprender ciertas cosas, de entenderlas, de digerirlas bien (no voy a especificar bien ¿qué?, porque no quiero hacer el tema “denso”), me he exigido tanto que ya estoy en un estado paranoico, mis sentidos siempre están más alerta, estoy viviendo más, pero al mismo tiempo estoy disfrutando menos.

Porque al final toda tu visión cambia al ser partícipe de tus pensamientos, de ejecutarlos según tu conveniencia, según lo que tu deseas, al final uno es lo que piensa, y el hecho de llevarlo a cabo, reclutar tanta energía (que no siempre se posee), tantos esfuerzos para poner tus pensamientos acorde a tus acciones. Y suena hasta obvio, suena muy fácil de decir claramente, pero que el ser humano sea capaz de pensar y de poder actuar de acuerdo a cosas más simples, a  acciones banales quizás (o en mi caso). Pero llevar un pensamiento al siguiente nivel, interiorizarlo, creerlo, entenderlo, y hacerlo una realidad es el dilema, es el tema en que todos estamos sumergidos aun que no lo sepamos con totalidad. Todo parte por creer lo que se estudia (no, no me refiero a “estudiar” tipo universidad), porque a pesar de que uno se muestre escéptico, algo hace un “click”, y este algo es meramente humano, muy propio, partiendo porque no podría entrar en tu cabeza, ocupar un espacio de tu tiempo, y traspasar (aun que sea en un mínimo porcentaje) tu alma si no lo crees. O sino revota, o si no, se estanca, no lo entiendes, o simplemente es como si leyeras algo que está en un idioma que no entiendes.

Es por eso que como ser humano somos orgullosos, somos muy esquivos, y tercos, y nos gusta ser tan tajantes en lo que hacemos y creemos. Yo me di cuenta a tiempo (y con darme cuenta no significa que no lo haga), de que el ego es lo primero que un humano debe desechar, más allá de su inutilidad, por su alto estado opresor de nuestra base espiritual. Pero ese ya es otro tema.

Quizás por eso siento que estoy tan llena y a la vez me siento tan sola, estoy creyendo en tantas cosas, y tratando de no sumergirlas en mi interior para no confundirme aún más , que me canso, estoy muy cansada, mi cabeza, y mi alma está algo manchada. Nada que no pueda limpiar, aun que el camino tenga obstáculos, se puede cruzar. 

viernes, 21 de agosto de 2015

Infinito


Ahora las palabras toman sentido
cuando que no las ves nunca más,
cuando estás postrada,
ahora que me siento cansada.

Cuando mis largas piernas
no pueden seguir una orden
desde  un alma desfigurada,
comenzando por un espíritu roto.

Mientras los dedos buscan salvación,
como una luz divina
que me opaca por su brillo
desde el fondo de un lugar.

Cuando las voces se hacen fuertes
aunque antes eran débiles,
y los latidos desaparecen
con los ruidos del local.

Siento que mi tiempo se acaba
junto con la emoción frustrada,
de risas sin control,
de cuentos sin final.

Y cuando logro hablarte,
cuando me miras a los ojos,
sé que lo más difícil siempre es y será,

dejarte en un adiós infinito.

(Me gusta escribir poemas, no sé, a veces es como vomitar todo un poco y hacerlo luminoso, me gusta escribir, me gusta sacar, las cosas no siempre se tienen que quedar en el interior)

miércoles, 22 de julio de 2015

Fortaleza



Estaba cansada, estaba agotada, me acerqué a la ventana, y dejé de tirar piedras porque sabía que nadie se iba a asomar… tomé todas las piedras y construí una fortaleza, mía, solo mía. Me cubría de vez en cuando, tenía algunas goteras, que con el tiempo no tuvieron arreglo, le puse ruedas, me costó pero lo conseguí, pude moverla, pude moverme, como una tortuga con su gran caparazón. 

Con el tiempo la arreglé, pinté, le puse mi sello, la sentía mía, y cuando salía a buscar alimento para sobrevivir la extrañaba, quería regresar, porque ahí me sentía en paz. Creía  que se sentía mal si yo no estaba, así que salía para lo que era estrictamente necesario, incluso contaba los minutos para volver.
Había logrado hacer amigos en la comunidad en que vivía, pero ellos no se comparaban a lo que me cubría día y noche, al final sentía que le debía algo, y mi compañía era lo mínimo que podía darle. De alguna manera le di vida, tenía sentimientos, me podía querer, y yo la quería a ella. Le dibujaba lo que sentía, me emocionaba y sentía su emoción conmigo.

Un día hubo un viento muy fuerte, y así como en los cuentos, mi fortaleza no lo soportó, y se derrumbó cayendo sobre mí. Me hizo daño, pero aún así traté de juntar todo, hice todo mi esfuerzo mientras la gente comentaba que estaba loca, le di hasta mi último aliento, pero el viento fue demasiado cruel con ella, luego de pensarlo no podía aceptar que me hubiese hecho daño, me hirió, no tuvo compasión al caer sobre mí. Y de un momento a otro me sentí en el principio, en el comienzo, en el punto de partida. 

Lloré, golpeé los puños contra los escombros, me paré, me sequé las lágrimas y sonreí, lloré nuevamente, pero esta vez de alegría, ambos éramos libres…. ya  no nos necesitábamos. Desde ese momento supe que yo  era mi única fortaleza, y que nunca me desmoronaría después de eso.