Estuve en el lado delos brillos, de árboles de esplendor, pero solo
un minuto, solo un momento para darme cuenta de que tenía que escapar de tanto
sentimiento. Mis ojos se llenaron de lágrimas, de admiración, hasta que en un
momento no pude contenerlo más, era demasiado, sobresalía por mis ojos, y
comencé a sentir terror, no podía merecer mirar tanta belleza, tanto bienestar.
En el fondo sabía que no pertenecía ahí, que estaba ensuciando un terreno en el
cual nadie antes había sido capaz de estar.
Miré mis zapatos,
estaban sucios, miré el suelo, un pasto, verde, brillante, impresionante, me
hacía sentir tan miserable, tan poca cosa que decidí llorar, decidí de manera
cobarde que no era necesario que me quedara para ser feliz, que aquella tierra
era para ganadores y yo no estaba dentro de esa lista, me auto exilié, me
castigué y me repetí que nunca volvería
ahí, decidí reiniciar, decidí olvidar el camino a ese lugar. Hoy lo recuerdo,
hoy que todo está tan sucio, que mis pies a veces logran tocar el suelo para
levantar el polvo que sobra de este lugar. Limpio el espejo, miro hacia afuera,
sigo mi camino.
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